“Agitación” (Jorge Freire)

“Sobre el mal de la impaciencia” es el subtítulo que lleva este ensayo (Páginas de espuma, 2020) del filósofo Jorge Freire. Bastaría fijarnos en la portada para entender la pertinencia de esta reflexión para todos nosotros, pues nadie está libre de la agitación. De una manera o de otra somos víctimas y actores. Las páginas de Jorge no tienen la pretensión de ser moralizantes (él mismo se considera objeto de sus propias críticas) y, sin embargo, generan en el lector el deseo inevitable de una transformación, de un cambio en nuestra manera de estar en el mundo. Creo que el libro de Jorge tiene otra virtud y es que no es un manual imposible para el hombre común, el de a pie, para cada uno de nosotros. No se esconden los dolores y las heridas con las que tendremos que cargar si queremos salir del atolladero (“para que cese el sufrimiento es necesario dejar de escapar del dolor”), pero no me da la impresión de que caiga en la tentación intelectualista, tan habitual en el quehacer filosófico. Jorge nos recuerda el diálogo de Sócrates con Céfalo, quien “no lleva una vida filosófica pero, así y todo, vive en orden, conforme a su naturaleza y a gusto en sus zapatos”. Por eso el ensayo es una buena obra filosófica, en el mejor de los sentidos, pues ayuda a despertar, a juzgar y a vivir.

Mucho se está escribiendo y pensando sobre lo que Freire ha llamado el homo agitatus. Aunque estemos en el ojo del huracán y nos falte perspectiva histórica, somos conscientes (no siempre, no todos, no del todo claramente) del torbellino por el que hemos sido frenéticamente succionados. Jorge habla del activismo en el que estamos envueltos, que esconde “nuestra incapacidad de hacer algo significativo” (Cap. I), pérdida de libertad, aquilatada en la “monocultura internacional” (Cap. II), religiones sustitutorias de nuestro tiempo, que nos llevan a abrazar “toda suerte de puritanismos y supercherías” (Cap. III), incontinencia permanente, que nos mete de lleno en la barbarie: inmediatez, abandono a la novedad constante, etc. (Cap. IV), incapacidad para reconocer nuestra finitud (Cap. V), “agitada polarización”, que produce monstruos y formaciones desfiguradas(Cap VI).

“En tiempos de ensoñación y tribalismo, de creencias disparatadas y engaños colectivos, de culturas del malestar y malestares de la cultura, marchar a la retaguardia es la única opción”.

Agitación (Jorge Freire), p. 90.

Jorge describe con crudeza el límite de todos estos movimientos pero también reconoce posibles salidas: “En tiempos de ensoñación y tribalismo, de creencias disparatadas y engaños colectivos, de culturas del malestar y malestares de la cultura, marchar a la retaguardia es la única opción” (p. 90). Pero que nadie se engañe, porque “no hay soluciones definitivas”. Escapar de la agitación “es la tarea más heroica de nuestro tiempo” (p. 76), y tiene que ver fundamentalmente con la posibilidad del autogobierno: «“Como dijera Santayana, solo será libre quien se gobierne a sí mismo pues no se trata de ser anárquico sino “íntima, exacta e irremediablemente gobierno”» (p. 76). Quizás estos actos heroicos sean los únicos capaces de otorgar en este momento una nueva dignidad al trabajo, a la familia, al ocio, al descanso, a la cultura. Muchos serán invisibles, sanamente invisibles, felizmente invisibles. Ojalá podamos ver, eso sí, algunos de sus frutos. Freire recuerda las palabras de Goethe: “Limitarse es extenderse”. En el trasiego de nuestros movimientos nos cuesta reconocer lo profundamente atractivo que es este dominio de sí; al menos, el cansancio y la insatisfacción que ocasionalmente percibimos en medio de nuestra permanente agitación nos pueden ayudar a recobrar la conciencia por un momento. Pero –reconozcámoslo- es difícil no volver a entrar en la rueda.   

«“Como dijera Santayana, solo será libre quien se gobierne a sí mismo pues no se trata de ser anárquico sino “íntima, exacta e irremediablemente gobierno”»

Agitación (Jorge Freire), p. 76.

Se agradecen las páginas de Jorge, no solo por su agudeza sino también por su lenguaje. No lo dice, pero la pérdida del vocabulario y el empobrecimiento del lenguaje son signos inequívocos de la agitación. Jorge demuestra también a través de la escritura que hay otra forma de habitar las cosas y pensarlas. Sus referencias culturales y literarias no son un recurso formal y estetizante sino que anuncian la posibilidad misma del pensar, de dar espacio a algo distinto de nosotros mismos.

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