“Un maestro es alguien que viene de lejos y te lleva lejos”

El tercer acto del encuentro «Sin identidad no hay educación», un diálogo entre Silvio Cattarina y Alfonso Calavia, ponía delante de los asistentes una visión profunda del sufrimiento juvenil y del papel decisivo del maestro.

Cattarina explicó que la raíz del dolor no es tanto la fragilidad o el mal, sino “no conocer el bien” y no descubrir el propio corazón. Cada persona —dijo— nace gracias a una promesa que se llama vocación, y la tarea del educador consiste en ayudar al joven a reencontrarse con esa promesa.

Silvio describió tres certezas que sostienen el camino educativo: que la persona es lo más grande que existe, que la realidad está llena de dones y de una Presencia y que la vida tiene un gran porqué para cada uno. Silvio insistió en que el problema de los jóvenes no es su fragilidad interior, sino la duda que ha entrado en su corazón: piensan que la vida no es bella y que el mal ha vencido. El maestro verdadero no se queda mirando el límite del chico, sino que está seguro de que la vida no irá a menos y de que el bien es mayor que cualquier mal.

La educación —afirmó— solo es fecunda cuando el adulto remite a algo más grande que él y testimonia una pasión verdadera por la vida. Recordó que la educación es siempre comunitaria: nadie educa solo, y la unidad entre adultos no nace de pensar igual, sino de caminar juntos hacia algo más grande. Como síntesis de su propuesta, resonaron dos frases que conmovieron al auditorio: «La vida no es un problema de éxitos. La vida es un grito y una pregunta». «El dolor más grande no es el límite ni el mal, sino no conocer el bien».

Un encuentro para mirar el futuro educativo con esperanza

El encuentro “Sin identidad no hay educación” concluyó con un clima de gratitud y esperanza. Los participantes coincidieron en la urgencia de recuperar una identidad que sostenga la libertad, de fortalecer la figura del maestro y de reconstruir comunidades educativas vivas, capaces de acompañar a las nuevas generaciones.

Scholaris agradece la implicación de los convocantes, los patrocinadores y todos los que hicieron posible una jornada que, por la profundidad de los testimonios y la presencia de tantas comunidades educativas, se convirtió en un hito para seguir construyendo una educación verdaderamente humanizadora.

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