La docencia online –en sus múltiples variedades- ha manifestado múltiples ventajas y posibilidades, pero también ha mostrado como contrapunto el valor irrenunciable de la dimensión presencial de la vida educativa. Evidentemente, existen formas y modalidades de docencia no presencial, pero todas ellas no dejan de ser un reflejo del contexto educativo ideal. La educación presencial se despliega a través de tres dimensiones fundamentales: el cuerpo, el espacio y la presencia de los otros.

A) El cuerpo. Somos un cuerpo viviente, una realidad -compleja y rica- siempre corporal. El cuerpo no es en nosotros una realidad circunstancial de la que podamos prescindir. Cuando estudiamos, estudiamos con el cuerpo, cuando amamos, amamos con el cuerpo. Esto tiene implicaciones didácticas y educativas muy importantes. En las primeras etapas escolares el valor del cuerpo asume un lugar decisivo, ya que para que determinados procesos tomen forma en nosotros se necesita previamente la modulación del cuerpo, su desarrollo. El niño, antes de comprender intelectualmente, siente, experimenta, y se familiariza con el mundo, que ofrece paulatinamente a través de una experiencia perceptiva global y corporal, unos rasgos bien definidos y complejos. Pero al mismo tiempo el cuerpo es inseparable de la vida psíquica. Por ello, un profesor no solo actúa y se expresa corporalmente sino que al mismo tiempo aprende a leer lo que acontece en sus alumnos a través de su expresión corporal. 

B) El espacio físico. La escuela no es de manera primordial un espacio virtual. Al igual que el hogar, está ligada a un determinado espacio, que poco a poco se hace familiar, habitable, humano. De este modo, los lugares y su fisonomía nos disponen a una cierta actividad. Se ha hablado mucho de los deficientes espacios escolares, propios del siglo XIX, etc., pero durante el confinamiento ¡cuánto los echamos de menos! Evidentemente los alumnos han tenido que “estudiar” o “trabajar” –cuando esto ha sido posible- en sus propios hogares, pero en muchos casos estos no eran un espacio adecuado. Lo mismo podríamos decir del trabajo online. El espacio hogareño se convirtió en algo terriblemente indefinido (salones convertidos en lugares de juego, habitaciones reconvertidas en lugar de videoconferencias, etc.). Esta confusión pone de manifiesto lo necesario de una correspondencia entre el lugar y el tipo de actividad que se desarrolla en él.

C) La presencia de los otros. Pero el espacio no es solo un lugar destinado al movimiento propio, exclusivo de un individuo. En el espacio aparecen los otros, que son un factor absolutamente necesario para que acontezca la vida humana y se desarrolle. Sin los otros y sin todo aquello que los otros posibilitan nuestra vida estaría abocada al aislamiento y, con ello, quedaríamos radicalmente mermados, empobrecidos. Educativamente, como es obvio, la presencia de los otros tiene una significación muy importante. La escuela es un lugar en el que nos encontramos con los otros, aprendemos con y de ellos. La docencia online ha podido contrarrestar en alguna medida la ausencia de la realidad corporal de los otros, pero no recuperarla por completo. 

La vida humana corre inevitablemente ligada a estas modulaciones del estar presente: cuerpo, espacio y otros son dimensiones elementales de la vida personal y escolar. La escuela -en este momento y a pesar de todas las dificultades- no puede dejar de ser un lugar, bien delimitado, que posibilita un espacio de relaciones y actividades orientadas a la misión más sagrada y necesaria en el seno de la sociedad: el crecimiento de la persona, su enseñanza y educación.

Artículo publicado originalmente en Colegio Nicoli.

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