A propósito de la formación de los maestros. La necesidad de un máster habilitante

DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO

Recientemente ha habido una reunión de Decanos de universidades de Educación en España en la que los asistentes proponían una serie de mejoras en la formación de los futuros maestros de Ed. Infantil y Primaria. Sintéticamente se sugerían modificaciones y mejoras para la admisión de los alumnos en las facultades y/o la ampliación del grado actual de cuatro años en un curso que sirviera para completar la formación; podía ser bien con más y mejores contenidos académicos o bien con un máster.

Es muy positivo que se detecten necesidades, se identifiquen las debilidades de la formación actual y se busquen soluciones. Eso constata el juicio compartido de la insuficiencia de los planes de estudio actuales por parte de las autoridades académicas del mundo universitario. Sería absurdo negarlo, aunque esté en juego nuestro prestigio personal y el de nuestras instituciones universitarias. Lealtad, por tanto, de los que han tenido la valentía de reconocerlo.

¿Cuáles son los déficits de los planes actuales? Según nuestro parecer y sin intención de ser exhaustivos, podemos señalar algunos de ellos: contenidos curriculares muy similares y con poca profundidad, excesivo pedagogismo y didáctica, concepciones que reducen la educación a mera enseñanza y la escuela a una institución emisora de títulos académicos, sin más horizonte que la inserción profesional o la retahíla de principios y palabras orientadas a promover buenos ciudadanos, ausencia de formación sólida en contenidos de las diferentes disciplinas, un olvido del ser en detrimento por el “saber hacer”, la irrelevancia del gusto por el conocimiento como principal recurso educativo, el olvido por el asombro y la pregunta como modalidad central del diálogo escolar, etc…

Junto a ello está el otro aspecto esencial en este desafío: la escuela. ¿Qué es actualmente, qué propone? ¿Goza de buena salud? Predomina una concepción de su tarea igualmente reducida. Lejos de concebirse como la realidad privilegiada de la transmisión de la cultura, ha quedado reducida a la impartición de currículos oficiales cada día más teóricos y pobres, a la elaboración de todo tipo de protocolos y documentación oficial para gestionar la convivencia estudiantil, el mero academicismo y la consecución de excelentes expedientes o notas de acceso universitario y, por último, en el mejor de los casos a buenas intenciones morales (tan ingenuas como inútiles). La consecuencia es que la escuela está agotada (como sus maestros), sin ideales ni horizonte y enjaulada en la gestión. Sin unidad en los claustros, con cansancio en las relaciones con el resto de la comunidad educativa y pendiente de que lleguen las vacaciones o la jubilación para dejar la carga laboral al relevo.

Y ¿dónde queda la persona? Es decir, dónde queda el anhelo de la vida, de su significado y del conocimiento como argumentación del valor de la persona y del mundo. La felicidad y la belleza a la que están llamados, tanto el alumno como el maestro. Parece que eso es lo de menos; hay que seguir con la programación y los compromisos sociales y administrativos. Pero como señalaba recientemente el Papa León XIV en una intervención en el Encuentro celebrado en Madrid “Sin identidad no hay educación” recordando a María Zambrano, “el vínculo entre el presente y el futuro no puede prescindir de la herencia del pasado, porque nuestra alma está cruzada por sedimentos de siglos, son más grandes las raíces que las ramas que ven la luz”

Casi exclusivamente el único fin de los colegios es obtener títulos académicos que a su vez nos trasladan a otras instituciones para alcanzar nuevas titulaciones y así hasta lograr un buen empleo profesional, bien remunerado, que ingenuamente nos promete no sólo el bienestar material y social, sino la felicidad y la plenitud en las vida. ¡Qué engaño! ¡Qué burla al corazón del hombre! Las exigencias (de bien, de belleza, de justicia, de verdad, de felicidad…….) innatas en nuestra naturaleza, inextirpables, de dimensión infinita (sin límite) y común a todo ser humano, son “satisfechas” supuestamente por un puñado de euros, de estabilidad social y de adquisición de diferentes bienes, servicios y experiencias de ocio. Así de simple, así de pobre, así de triste. ¿Cumple así la escuela su misión, simplemente siendo un escalón más de un recorrido académico-profesional?

QUÉ SIGNIFICA EDUCAR

La profesión educativa y el papel del maestro

El problema, más allá de la formación del grado, está en el desempeño de la profesión/vocación docente y de la conciencia que tengamos de la tarea educativa.

Educar es acompañar al ser humano para que crezca, para que se desarrolle como persona y sea capaz de hacer fecundas todas sus capacidades. Sin el maestro, esta tarea es imposible. El maestro es el que introduce al alumno en la aventura de la realidad, el que le muestra el camino que debe recorrer a partir de su experiencia.

No hay tarea más apasionante que la de acompañar a otro ser humano en el camino hacia su felicidad. Las sociedades se miden por la atención y los recursos que destinan para custodiar la responsabilidad educativa de las nuevas generaciones. Es necesario un cuerpo vivo, una cultura escolar que la haga visible y reconocible.

Sólo puede educar quien es educado. Sólo puede ser maestro quien es discípulo. Sin educación, no hay pueblo, no hay comunidad de personas que compartan una tarea común, que amen el bien de todos, y que asuman corresponsablemente los objetivos de toda la comunidad.

En este sentido todo maestro se comunica a sí mismo y podrá germinar como excelente educador si está vinculado a un equipo docente (claustro) que comparte un ideal y una propuesta educativa. Porque sin estar vinculados a experiencias vivas y sólidas es imposible convertirse o prepararse para ser maestro, para educar.

EXPERIENCIA FORMATIVA INTEGRAL

La necesidad de un máster habilitante a modo de MIR educativo

Si observamos la experiencia en desempeños profesionales tan relevantes como son los de la medicina, nadie concibe que pueda asumir una responsabilidad grande un recién graduado, aunque haya estudiado durante seis cursos con sus respectivos años de prácticas sanitarias. ¿Cómo se puede ser buen médico si no sigues a un doctor, jefe de servicio, con experiencia y recorrido profesional? Es imposible.

También para ser abogado, arquitecto o psicólogo se exige un máster habilitante. Otros ámbitos, como el periodismo, desde los propios medios de comunicación lo fomentan como camino casi imprescindible para el ejercicio de la profesión.

Es paradójico que una de las profesiones más importantes socialmente hablando, donde recae la responsabilidad del futuro de las nuevas generaciones, quede confiada a cuatro años de preparación teórica -en el mejor de los casos- y con unas mínimas y escasas prácticas docentes. ¿Es suficiente? ¿Es adecuado? Evidentemente, no. Sin embargo, algo tan obvio y de sentido común no acaba de encontrar un cauce adecuado. No nos ponemos de acuerdo, y ¿por qué no nos ponemos de acuerdo y no decidimos poner en marcha un plan de habilitación docente adecuado? Voy a ser atrevido. Porque sin un ideal educativo, sin experiencias educativas sólidas y fuertes, es imposible. Y lamentablemente escasean.

Por consiguiente, desde algunas realidades educativas que participamos de la plataforma Scholaris, defendemos la necesidad improrrogable de hacer un MIR Educativo. Entendemos por MIR Educativo una experiencia de formación completa del profesorado recién graduado en Infantil y/o Primaria durante un curso remunerado, acompañado de un tutor-mentor y vinculado a realidades educativas significativas.

Una inmersión completa en la experiencia educativa donde el recién graduado desempeñe todas las responsabilidades del maestro (impartición de clases, programación, elaboración de contenidos, tutorías, juntas de evaluación, claustros, salidas escolares, intercambios…). Y tiene que ser, al menos, durante todo un año académico bajo la responsabilidad y mentorización de un tutor de mayor experiencia que le acompañe en esta etapa, junto con una participación activa en la vida de un claustro unitario que ame la tarea más grande que puede hacer una persona: educar.

Es decir, a través de alguien que introduzca en la tarea educativa con el horizonte adecuado, para que desarrolle todas sus capacidades e insertándose en un ámbito institucional que ayude a la maduración.

Pero no sólo esto. Además, el recién titulado debe ampliar su formación teórica en aspectos que no se han abordado durante la formación académica en el centro educativo de prácticas o en la misma carrera universitaria. Hay un déficit de conocimientos en aspectos esenciales: cuál es la tarea de la escuela, cómo ganar autoridad en el aula, conocer los criterios necesarios para afrontar tutorías con las familias, cómo enseñar a razonar, cómo se educa la libertad y la capacidad de razonamiento, la influencia del afecto en el aprendizaje, educar a través de las diferentes disciplinas y ámbitos del saber, cómo generar un proyecto unitario y compartido por todo el claustro del centro, elaborar contenidos académicos propios, etc. Nada de esto existe ni se aborda. Ni en los colegios, ni en la administración ni en las  Facultades de Educación. Entonces ¿cómo renovar y hacer fecunda una propuesta educativa? ¿De qué nos quejamos?

Con un MIR Educativo ganan docentes, centros educativos y alumnos. Es una riqueza compartida y fecunda. No podemos mejorar la educación en España sin facilitar la mejora de la competencia profesional de sus profesionales. Los maestros piden a voces una compañía cercana, experimentada y continua en sus primeros años de desempeño profesional. Necesitamos proyectos educativos sólidos que se ofrezcan a servir de cauce formativo a las nuevas generaciones. No puede hacerse automáticamente por decreto administrativo. Sin protagonistas que quieran asumir personalmente este desafío, no será factible hacer fecunda la relación maestro-alumno.

El planteamiento de un MIR Educativo (o un programa de posgrado), que ya existe, de alguna manera en la etapa de Educación Secundaria con el Máster de Formación de Profesorado (de necesaria mejora), se revela como una necesidad imprescindible en la etapa de Educación Infantil y Primaria, etapas decisivas en la formación educativa de un niño. Los centros educativos tienen, en muchas ocasiones, que suplir las carencias formativas con una serie de programas de mejora docente en espacios de tiempo muy reducidos y con grandes dificultades.

Independientemente de que se mejore el acceso a las facultades de Magisterio (quizá con otras pruebas que ayuden a identificar el perfil y la vocación de maestro), el aspecto imprescindible que necesita la carrera docente en España es la posibilidad de adquirir una experiencia sólida. Acompañada por el claustro docente y específicamente por un mentor, que ayude al  profesor novel en el primer tramo de su recorrido profesional a asentar las diversas destrezas y adquirir una maduración como educador que necesitará para el futuro.

Es necesario que existan diversas instituciones que tomen conciencia de esta importancia y que den la disponibilidad para acoger y acompañar a las nuevas generaciones de profesionales de la enseñanza.

Nosotros ya hemos emprendido este modelo. La Fundación Internacional de Educación y la Universidad Francisco de Vitoria han inaugurado un Máster de Excelencia Educativa hace dos años, que se acerca mucho al modelo que describimos en este artículo. Estamos abiertos a compartirlo y a consolidarlo con todo aquellos que quieran sumarse.

Juan Ramón de la Serna

Director del Colegio Internacional J. H. Newman

Vicepresidente de la Fundación Internacional de Educación

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